Abusos en VOX
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jueves, 5 de noviembre de 2026
Cuando el fascismo deja de esconderse: Aplausos a la represión política
Cuando el fascismo deja de esconderse: Aplausos a la represión política
Un vídeo de Hispameme recrea con inteligencia artificial una España gobernada por la derecha y la extrema derecha, donde se encarcela a adversarios políticos, se persigue a minorías y se humilla a mujeres.
Lo verdaderamente escalofriante no es el vídeo. Es descubrir cuántos espectadores celebran semejante escenario.
En YouTube encontramos comentarios que fantasean con encarcelar a Pedro Sánchez, su familia y su partido. Otros disfrutan imaginando a Irene Montero obligada a cocinar y fregar a punta de pistola.
Pero hay mensajes todavía más reveladores:
«Si no llega por las urnas habrá que hacerlo por gusto».
Y alguien responde:
«Por lo civil o por lo criminal 😂».
Esto no es defender la justicia ni combatir la corrupción. Es celebrar la violencia política, el sometimiento de las mujeres y la persecución del adversario.
La democracia les parece aceptable mientras ganen los suyos. Cuando imaginan que las urnas no les darán lo que quieren, algunos ya contemplan imponerlo por la fuerza.
El mecanismo es tan antiguo como el fascismo: Convertir al adversario en enemigo, deshumanizarlo y presentar su sufrimiento como una victoria colectiva.
Y hay algo especialmente perturbador en las reacciones. No se habla de mejorar salarios, garantizar viviendas, fortalecer los servicios públicos o combatir la desigualdad. La gran ilusión parece ser ver al contrario humillado, encarcelado o sometido.
No todos los votantes de derecha comparten estas fantasías, pero quienes las celebran están expresando un deseo profundamente autoritario, por mucho que intenten disfrazarlo de humor, patriotismo o sentido común.
El vídeo es ficción. Los comentarios son reales.
Y lo verdaderamente peligroso comienza cuando una parte de la sociedad deja de temer al autoritarismo y empieza a desearlo.
Lo único que merece la pena del video: La música
«Boyna Galava» representa la expresión de una cabeza desbordada por la rabia que crea problemas y después tiene que soportar sus consecuencias. Cada enfrentamiento exige otro enemigo. Nunca basta.
Esa imagen permite pensar en cómo el fascismo convierte el resentimiento en un proyecto político: Señala enemigos y presenta su eliminación como la salvación colectiva.
Mussolini y Hitler hicieron de la violencia y la negación de derechos una forma de gobierno.
Franco construyó una dictadura sostenida por la persecución y la represión del adversario.
La rabia organizada desde el poder acaba convirtiendo a los ciudadanos en material de castigo.
El fascismo hace política con ese combustible: Convierte el resentimiento en bandera y la persecución en promesa de salvación. Mussolini, Hitler y Franco hicieron del enemigo una excusa para aplastar derechos. Llamaron orden a la obediencia y patria al silencio.
Hoy, Trump sanciona al tribunal internacional que exige responsabilidades a sus aliados.
Netanyahu tiene una orden de detención de la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad que incluyen utilizar el hambre como arma.
Putin consiguió cambiar las reglas para poder seguir gobernando hasta 2036. La ley debe someter al poderoso; ellos pretenden que la ley se someta a sus intereses. Todos ellos millonarios y por supuesto de derechas.
En España, Abascal propone ilegalizar partidos y acusa de criminales a toda la izquierda.
El adversario deja de ser alguien a quien discutirle una política: Se convierte en alguien a quien expulsar, maltratar, insultar o directamente eliminar. Esa lógica tiene una historia que España conoce bien.
La rabia puede encerrar a una persona en su propio conflicto pero cuando consigue poder, construye la cárcel para los demás.