Facebook y la extrema derecha: El giro político de Meta y las razones para abandonar sus redes
La compañía de Mark Zuckerberg ha estrechado relaciones con Donald Trump, relajado sus políticas de moderación y eliminado parte de sus programas de verificación. El debate ya no es solo cómo utilizamos las redes sociales, sino quién controla la información que consumimos y qué intereses económicos y políticos hay detrás.
Meta y su acercamiento al trumpismo
El cambio comenzó a hacerse evidente a finales de 2024. Meta, propietaria de Facebook, Instagram, WhatsApp y Threads, donó un millón de dólares a la investidura de Donald Trump. Posteriormente situó al republicano Joel Kaplan al frente de sus relaciones institucionales e incorporó a Dana White, aliado de Trump, a su consejo de administración.
En enero de 2025, la empresa también anunció el abandono de sus programas de diversidad, equidad e inclusión en Estados Unidos.
No existe evidencia suficiente para afirmar que Meta pertenezca a una organización internacional de extrema derecha. Sin embargo, estas decisiones documentan un acercamiento político al trumpismo y a algunas de sus principales reivindicaciones.
Menos verificadores y mayores riesgos de desinformación
El 7 de enero de 2025, Zuckerberg anunció que eliminaría la verificación independiente de contenidos en Estados Unidos para sustituirla por notas comunitarias, siguiendo el modelo de X, propiedad de Elon Musk.
Meta también flexibilizó sus normas sobre inmigración, género y orientación sexual. Entre los cambios introducidos figuraba permitir determinadas expresiones que relacionaban la homosexualidad o la identidad de género con enfermedades mentales.
El Consejo Asesor de Contenido de Meta, organismo independiente financiado por la compañía, criticó en abril de 2025 la precipitación de estas reformas y reclamó una evaluación de sus posibles consecuencias para los derechos humanos.
La empresa defiende que los cambios buscan evitar eliminaciones injustificadas y proteger la libertad de expresión. Pero reducir los controles también plantea interrogantes sobre la circulación de discursos discriminatorios y contenidos falsos.
Conviene precisar que la eliminación de verificadores comenzó en Estados Unidos, no simultáneamente en todos los países.
Una cuestión internacional: Alemania y Brasil
El problema no se limita a Estados Unidos. En febrero de 2025, Global Witness examinó las recomendaciones políticas de Instagram, X y TikTok durante la campaña electoral alemana.
En sus pruebas, Instagram mostró aproximadamente 1,5 veces más contenidos orientados a la derecha que a la izquierda. Sin embargo, casi todas las publicaciones procedían de cuentas previamente seguidas: el pequeño experimento no demuestra que Meta favoreciera deliberadamente a la extrema derecha.
En Brasil, una investigación de Agência Pública publicada en octubre de 2026 identificó 1.069 anuncios relacionados con Lula o Flávio Bolsonaro, difundidos en las plataformas de Meta sin el etiquetado político exigido. Acumularon más de 82 millones de impresiones antes de ser retirados. La compañía declaró que sus sistemas detectaron las infracciones y aplicaron sus normas.
Ambos casos reflejan problemas diferentes —recomendación de contenidos y transparencia publicitaria—, pero evidencian la necesidad de investigar cómo funcionan estas plataformas durante los procesos electorales.
Nuestros datos también forman parte del negocio
La influencia política no es el único motivo para cuestionar a Meta.
Su modelo económico depende considerablemente de la publicidad personalizada y del aprovechamiento de información sobre la actividad de sus usuarios.
En abril de 2025, la Comisión Europea impuso a Meta una multa de 200 millones de euros por incumplir las obligaciones de elección y consentimiento de la Ley de Mercados Digitales.
La cuestión de fondo es quién controla nuestros datos, nuestra atención y los sistemas que deciden qué publicaciones alcanzan mayor visibilidad.
¿Por qué plantearse abandonar Facebook?
Reducir la dependencia de Meta puede responder a tres razones: proteger mejor la privacidad, disminuir la exposición a sistemas de recomendación poco transparentes y evitar concentrar la comunicación pública en unas pocas multinacionales.
Abandonar sus redes no elimina la desinformación ni garantiza encontrar plataformas libres de intereses económicos o políticos. Pero diversificar nuestros canales de comunicación permite recuperar cierta autonomía.
El problema no es únicamente quién dirige Facebook hoy, sino cuánto poder hemos entregado a empresas privadas para organizar nuestras conversaciones y el acceso a la información.
Fuentes y referencias
Meta: Anuncio oficial de los cambios en moderación y verificación, enero de 2025
Reuters: Críticas del Consejo Asesor de Meta a sus nuevas políticas
Global Witness: Investigación de algoritmos durante las elecciones alemanas
Agência Pública: Investigación sobre publicidad política en Brasil, octubre de 2026
Comisión Europea: Sanción de 200 millones de euros a Meta
Alternativas a Facebook y al ecosistema Meta
No es necesario sustituir una multinacional por otra. Existen redes independientes, descentralizadas y proyectos de software libre que permiten comunicarse sin depender de Meta.
Mastodon — Alternativa para publicaciones, conversaciones y comunidades. Descentralizada, de código abierto y sin publicidad integrada.
Bluesky — Red de publicaciones y debate público, con protocolos abiertos y mayor capacidad para personalizar las recomendaciones. Sigue siendo una empresa privada.
Pixelfed — Alternativa a Instagram para compartir fotografías y vídeos. Descentralizada, sin publicidad comercial integrada.
Signal — Alternativa a WhatsApp y Messenger. Mensajes, grupos y llamadas cifradas de extremo a extremo, gestionada por una organización sin ánimo de lucro.
Mobilizon — Alternativa a los grupos y eventos de Facebook, diseñada para asociaciones, colectivos y comunidades.
Lemmy — Comunidades de debate y publicación de enlaces, descentralizadas y gestionadas por diferentes servidores.
Internet no tiene por qué depender de Zuckerberg, Musk ni de ninguna otra gran corporación. La descentralización ofrece una posibilidad concreta: distribuir el control de nuestras comunicaciones entre comunidades, organizaciones y usuarios, en lugar de concentrarlo en unas pocas empresas.





