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lunes, 5 de marzo de 2018

Durísimo ataque a la industria farmacéutica

Sir Richard Thompson -expresidente del Real Colegio de Médicos de Gran Bretaña y médico personal de la Reina -
John Ashton - presidente de The Faculty of Public Health -,
J. S. Bamrah -Director Médico del Manchester Academic Science Centre-,
Rita Redberg -editora del Journal of American Medical Asociation (JAMA)-
James McCormack - conocido farmacéutico y divulgador científico - Han decidido respaldar el manifiesto elaborado a finales de febrero pasado por el prestigioso cardiólogo Aseem Malhotra en el que se pide poner freno a la comercialización de fármacos inútiles y peligrosos, a la práctica de tratamientos manifiestamente ineficaces, a la desinformación de médicos y pacientes, a la sobremedicación, a las malas prácticas, a los estudios insuficientes, a los sobornos de los médicos, a las publicaciones sesgadas y, en definitiva, a la búsqueda de beneficios económicos por encima de los intereses y la salud de los pacientes. En suma, denuncian lo que ya el Dr. Peter Gøtzsche denominó en su libro “crimen organizado”. 

El pasado 3 de marzo de 2016 el diario ElGlobalNet se hacía eco de una nota de prensa en la que uno de los mayores laboratorios farmacéuticos del mundo, GlaxoSmithKline, anunciaba su intención de dejar de influir activamente en la formación de los médicos; anuncio que se produjo apenas una semana después de que se hiciera público el apoyo de cinco prestigiosos médicos británicos a un manifiesto contra las farmacéuticas en el que se denuncia la enorme influencia que éstas ejercen sobre los profesionales sanitarios cuya consecuencia más inmediata es la peligrosa sobremedicación actual de la población. ¿Casualidad? No lo parece. Y este reciente manifiesto no es sino la última denuncia pública de una larga cadena de declaraciones, artículos y libros firmados por editores, médicos y científicos de renombre que vienen alertando hace años sobre la inadmisible influencia de los laboratorios y las gravísimas consecuencias que ello tiene al poner sus intereses económicos por encima de la salud de la ciudadanía.

Ahora bien, ¿realmente podemos referirnos a la industria farmacéutica como “crimen organizado”? Mucha gente sabe que los grandes laboratorios obtienen enormes beneficios económicos y sospecha que deben cometerse irregularidades pero la mayoría entiende que eso es inherente al sistema capitalista y lo considera inevitable y asumible a cambio de la contribución de esas empresas a la salud de la humanidad.

En suma, no les parece que pueda considerarse su actuación de “criminal”. Sin embargo para Peter Gøtzsche, que trabajó en principio para esa industria y fundaría posteriormente el prestigioso Nordic Cochrane Center, no hay duda alguna. De hecho uno de sus últimos libros lo ha titulado sin tapujos Medicamentos que matan y crimen organizado y dedica en él centenares de páginas a argumentar sólidamente tan gravísima afirmación. ¿Miente o exagera? Pues si es así, ¿alguien puede explicarnos por qué ningún laboratorio farmacéutico lo ha demandado?

La verdad es que Gøtzsche proporciona tantos datos que el simple relato de lo que narra en su libro dando cumplida cuenta de los numerosos escándalos e ilegalidades cometidas, sentencias condenatorias y denuncias judiciales en marcha nos obligaría a dedicar a ello el número entero de este ejemplar pero, en pocas palabras, lo que cuenta apoya su aseveración de que la industria farmacéutica se merece sobradamente el calificativo de “crimen organizado”. O de “mafia” como en su día calificó la doctora Ghislaine Lanctôt al actual sistema sanitario en su best seller mundial La mafia médica a quien Discovery DSALUD entrevistó a principios de 2003, hace pues ya más de 13 años (la entrevista apareció en el nº 45 bajo el título Ghislaine Lanctôt: El sistema sanitario es una verdadera mafia que crea enfermedades y mata por dinero y poder” y puede leerla en nuestra web: www.dsalud.com). De hecho actualmente miles de personas se refieren hoy a la gran industria farmacéutica como la “farmafia”, algo fácilmente comprobable viajando por la red.


EL MODUS OPERANDI

El psiquiatra y periodista científico Ben Goldacre, defensor de la medicina convencional y duro crítico de la Homeopatía, no duda sin embargo en empezar su libro Mala farma -publicado originalmente en septiembre de 2012- con este párrafo: La medicina está en quiebra y creo sinceramente que si los pacientes y el público en general llegaran a comprender plenamente el perjuicio que se les causa -consentido por médicos, académicos y entidades reguladoras- se indignarían. Nos complacemos en la creencia de que el fundamento de la medicina está en la evidencia y los resultados de pruebas imparciales cuando en realidad esas pruebas están muchas veces plagadas de errores. Nos satisface suponer que los médicos están al corriente de publicaciones con información sobre investigación médica cuando en realidad gran parte de esa investigación se la ocultan las empresas farmacéuticas. Nos complace suponer que los médicos cuentan con buena formación cuando en realidad gran parte de ella la subvenciona la industria. Nos gusta creer que las entidades reguladoras únicamente autorizan la salida al mercado de fármacos eficaces cuando a menudo aprueban fármacos inútiles y ocultan a médicos y pacientes datos sobre sus efectos secundarios sin darle importancia alguna”.

Unas páginas más adelante Goldacre sintetiza en tres párrafos el modus operandi de la industria farmacéutica. En el primero se refiere a los medicamentos con estas palabras: “Los test de los fármacos los llevan a cabo quienes los fabrican utilizando ensayos mal diseñados y sobre un reducido número de participantes inadecuados y poco representativos que luego analizan con técnicas metodológicamente erróneas. No es de extrañar que la tendencia de esos ensayos sea la de arrojar resultados que favorecen al fabricante. Y cuando los ensayos dan resultados que no gustan a las farmacéuticas éstas pueden perfectamente ocultarlos a médicos y pacientes de manera que solo les llegue una imagen distorsionada de los efectos reales del fármaco. Los reguladores ven casi todos los datos de esos ensayos o pruebas pero solo al principio de ‘la vida’ del fármaco; a partir de esa fase no se revelan los datos a médicos y pacientes. Ni siquiera a otras entidades oficiales. A partir de ahí esa evidencia distorsionada se comunica y se aplica de manera también distorsionada”.

El segundo párrafo lo dedica los médicos y dice: “Tras salir de la facultad el médico oye hablar en sus cuarenta años de práctica de los fármacos que funcionan a través de tradiciones ad hoc, por boca de los visitadores farmacéuticos u otros facultativos o por revistas. Pero tales colegas profesionales quizás estén a sueldo de las farmacéuticas -en secreto muchas veces- al igual que sucede con las revistas y las asociaciones de pacientes”.

Y en el tercero habla de las publicaciones médicas: “Las revistas académicas que todo el mundo cree objetivas están en no pocas ocasiones planificadas y redactadas por quienes trabajan directa y solapadamente para las farmacéuticas. Es más, hay publicaciones académicas que son propiedad de empresas farmacéuticas. Y al margen de todo lo dicho, en el caso de algunas de las principales y más reticentes afecciones de la medicina no sabemos cuál es el mejor tratamiento porque no están en el ámbito de los intereses comerciales de ninguna empresa”.


SOBREMEDICADOS POR SOCIÓPATAS

El mecanismo está muy claro y no es Goldacre el único que lo ha denunciado. El libro más reciente y que más duramente expone las tropelías cometidas por la Big Pharma es el del antes citado Peter Gøtzsche Medicamentos que matan y crimen organizado cuyo subtítulo deja poco lugar a las dudas: Cómo las grandes farmacéuticas han corrompido el sistema de salud. Durísimo golpe para las farmacéuticas ya que Gøtzsche disfruta de un enorme prestigio como cofundador y director de Colaboración Cochrane, organización sin ánimo de lucro que realiza revisiones sistemáticas y rigurosas de las intervenciones en salud incluyendo por supuesto los fármacos. Esclarecedora obra en la que se dicen cosas como ésta: “La mayor parte de los beneficios de la industria farmacéutica proviene de medicar a personas que estarían mucho mejor si no tomaran ningún medicamento”.

Biólogo y químico además de médico Gøtzsche trabajó para la industria farmacéutica entre 1975 y 1983 ejerciendo después hasta 1995 como médico internista y ha sido profesor de Medicina y Farmacología Clínica en la Universidad de Copenhague. Cofundador de Cochrane Colaboration, Director del Nordic Cochrane Center y autor o coautor de unos 70 artículos científicos muchos de ellos publicados en las consideradas “cinco grandes” -The Lancet, JAMA, British Medical Journal, Annals of Internal Medicine y New England Journal of Medicine– su libro, muy bien documentado, está escrito con rigor y precisión y en él aborda con crudeza las relaciones de la industria con los responsables públicos de la salud y del propio estamento médico denunciando abiertamente la ocultación de datos sobre los efectos adversos de fármacos y tratamientos, el fraude sistemático, la malversación de fondos, la violación de las leyes, la obstrucción a la justicia, la falsificación de testimonios, la compra de profesionales sanitarios, la orquestada alienación del pensamiento médico, la extorsión a los gobiernos y la inacción -por falta de interés o por soborno puro y duro- de las agencias estatales así como de la europea que se supone velan por la salud de la ciudadanía. Gøtzsche es tan duro en su libro que llegar a calificar de sociópatas a algunos de los responsables de las grandes compañías farmacéuticas por ser capaces de vender productos tan ineficaces como peligrosos aun sabiendo que llevarán a la muerte a miles de personas dándoles ello igual si así obtienen beneficios económicos. Es más, explica cómo la industria presiona a los legisladores y gobiernos -especialmente a los estadounidenses y europeos- así como a la Organización Mundial de Comercio para proteger su monopolio, sus patentes y los derechos de exclusividad sobre medicamentos considerados esenciales.

Todo esto y mucho más lo explicó en Discovery DSALUD durante la entrevista que a finales de 2104 concedió en exclusiva a nuestra revista y se publicó en el nº 178 -correspondiente a enero de 2015- con el título Peter Gøtzsche: “El modelo de negocio de las grandes farmacéuticas es el del crimen organizado” (puede leerla en nuestra web: www.dsalud.com)


LOS EDITORES DENUNCIAN

Hasta los editores de dos de las revistas más prestigiosas del mundo han sumado sus voces a la denuncia contra las farmacéuticas. Marcia Angell, que trabajó para el New England Journal of Medicine desde 1979 y fue editora-jefe entre 1999 y 2000, lo hizo hace ya 12 años en un libro titulado La verdad acerca de la industria farmacéutica. Cómo nos engaña y qué hacer al respecto que en España tradujo y editó en 2006 la editorial Norma.

El otro ha sido Richard Horton, editor-jefe de The Lancet, quien hizo recientemente una contundente declaración: “Mucha de la literatura científica -quizás la mitad- podría ser simplemente falsa. Afectada por estudios con pequeños tamaños de muestra, diminutos efectos, análisis exploratorios inválidos y flagrantes conflictos de interés, junto con una obsesión de perseguir tendencias de moda de dudosa importancia, la ciencia ha tomado un giro hacia la oscuridad”. 

El comentario publicado en The Lancet y las declaraciones de Horton se produjeron con motivo de su asistencia a un simposio sobre reproducibilidad y fiabilidad de la investigación biomédica. Según publicó el New Eastern Outlook el 18 de junio de 2015 Horton afirmó en él que las principales empresas farmacéuticas falsifican o manipulan pruebas sobre la seguridad y eficacia de sus fármacos haciendo además muestras demasiado pequeñas para ser estadísticamente significativas o contratando laboratorios de pruebas o científicos en los que bien el laboratorio, bien los científicos, tienen descarados conflictos de interés. Asegurando que la manipulación puede calificarse a veces de negligencia criminal.

Marcia Angell afirma por su parte en la introducción de su libro lo siguiente: “El presente trabajo dejará al descubierto a la verdadera industria farmacéutica, una industria que en las últimas dos décadas se ha alejado bastante de su loable propósito inicial de descubrir y producir fármacos nuevos y útiles. Ahora es ante todo una máquina comercial de venta de drogas de dudosos beneficios que utiliza su riqueza y poder para cooptar todas las instituciones que se le crucen en el camino, incluido el Congreso de Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Drogas (FDA), los centros médicos académicos y la misma profesión médica”.

En capítulos subsiguientes Angell explica que una serie de leyes aprobadas en Estados Unidos a partir de 1980 favorecieron descaradamente a la industria; por ejemplo a la hora de demandar a fabricantes de medicamentos genéricos o rebajando los requisitos de las patentes de modo que desde esa fecha no están obligadas demostrar su utilidad. Asimismo denunció la ley aprobada en 1992 que autoriza a donar fondos a la FDA para acelerar la aprobación de un medicamento. Ha leído bien: es legal que los laboratorios paguen a la FDA para que sus productos se aprueben más rápidamente; es decir, de alguna forma -aunque se niegue- se legalizó el soborno. Y por si fuera poco en 1995 se autorizó a los investigadores de los Institutos Nacionales de Salud a recibir honorarios y tener acciones de laboratorios sobre cuyos productos tomaron decisiones.

Es más, la industria farmacéutica lleva décadas “influyendo” en los legisladores y responsables políticos logrando así extender sus monopolios, obtener reducciones fiscales sobre sus beneficios, prohibir la importación de medicamentos de otros países, establecer normas que favorezcan la comercialización de sus productos o aprobar de forma acelerada el uso de fármacos nuevos, especialmente en casos de epidemias, sean éstas o no inventadas.

COMPLICIDAD DEL ESTAMENTO MÉDICO

Obviamente todo este montaje no es posible sin la complicidad y colaboración del estamento médico y de hecho éste colabora activamente. La mayoría de los médicos por omisión y/o ignorancia pero otros por avaricia y/o ansias de prestigio profesional y social. La doctora Inmaculada González, Directora Médica del Centro de Medicina Biológica Novadona de Barcelona, lo resumió así en octubre de 2012 durante una intervención pública sobre la necesidad de desmedicalizar la menopausia poniendo en entredicho lo que la mayoría de sus ingenuos y desinformados colegas cree.

Esto es lo que, de forma resumida, dijo:

-Solo un 10% de las patentes registradas entre 1982 y 2003 han tenido alguna utilidad terapéutica.
-Los ensayos clínicos de los fármacos suelen ser cortos y las prescripciones largas porque los resultados se extrapolan y manipulan.
-La medicina basada en la “evidencia” está financiada por la industria farmacéutica y no la cuestiona el establishment médico porque existen conflictos de intereses.
-Los médicos se dejan seducir muy a menudo por los viajes y regalos de la industria que suele además patrocinar y controlar los congresos a los que acuden invitados.
-Los investigadores, pagados a menudo por los laboratorios, no publican los resultados negativos de sus estudios porque no es obligatorio.

El Dr. Jay S. Cohen asevera por su parte en un artículo titulado Cultura de la corrupción en la profesión médica que la influencia de los laboratorios provoca en muchos estudios decisiones irracionales de gran impacto negativo en los enfermos. Añadiendo que el control por parte de la industria es ya tal que a la propia FDA le es ya casi imposible encontrar expertos independientes para sus comités asesores siendo esa la razón -al menos eso alega- de que una media del 50% -en algunos casos del 90%- estén integrados por especialistas que tienen o han tenido relaciones con la industria. Lo que no es en modo alguno admisible.


COMPLEJO PSICOFAMACÉUTICO

El Dr. Peter Breggin, psiquiatra y autor de una veintena de libros -entre los que destaca La locura de los medicamentos– y cientos de artículos de denuncia sobre los abusos de la Psiquiatría desmontó por su parte los fundamentos y protocolos en los que se basa la medicina moderna presentada como científica en un artículo publicado en febrero de 2009 en el Huffington Post titulado Científicos mentirosos: del calentamiento global a la psiquiatría biológica.

 Breggin denuncia en él sin pelos en la lengua el comportamiento de sus colegas, la complicidad de la profesión médica con la industria, el denominado “ghostwriting” (especialistas reconocidos que firman artículos elaborados por la propia industria) y, en particular, la corrupción en su campo de trabajo, el de la psiquiatría biológica, en el que la investigación está al servicio de los laboratorios. En ese “complejo psicofarmacéutico”, como lo denomina Breggin, hasta el famoso mecanismo de la revisión por pares –presentado habitualmente como garantía de independencia y objetividad de las publicaciones- “se ha convertido en un sistema cerrado constituido por una red clientelar que excluye sistemáticamente a todos los científicos que persiguen la objetividad y la honestidad. En su lugar da servicio a una estructura de poder particular en la que está incardinada la propia revista que publica los resultados”.

Otro libro clave -recientemente traducido y editado por Ariel- es ¿Somos todos enfermos mentales? Manifiesto contra los abusos de la Psiquiatría del doctor Allen Frances quien dirigió la cuarta edición de la denominada Biblia de la Psiquiatría (el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders o DSM-IV) y se ha convertido en uno de los más duros críticos de la nueva edición: el DSM-V. De hecho durante su estancia en Madrid en septiembre de 2014 advirtió de que “con el nuevo manual el 81% de la población podría ser diagnosticada con una enfermedad mental”.

Frances está sin embargo convencido de que quienes han elaborado esta nueva edición no lo han hecho en complicidad con los laboratorios: “Es gente de buen corazón que ha tomado decisiones muy estúpidas pero no por la presión de las farmacéuticas sino porque han sobreestimado la importancia de su campo de estudio sin darse cuenta del daño que puede hacerse cuando las cosas que pueden funcionar para ellos en la universidad se llevan a la práctica clínica”. Añadiendo luego: “Esta colosal industria está lavando el cerebro a todo el mundo para que tome pastillas aunque no las necesiten”. Y alerta especialmente del peligro del sobrediagnóstico en los niños: “La forma más fácil de predecir que un niño va a padecer Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es su cumpleaños: si eres el niño más pequeño de tu clase tienes el doble de posibilidades de padecerlo que si eres el más mayor. Estamos transformando la inmadurez en enfermedad y en vez de tratarla en clase estamos gastando millones de dólares en medicamentos. Desde la óptica de la industria farmacéutica eso es genial porque no hay mejor cliente que un niño ya que será consumidor toda la vida”.

Recordamos a nuestros lectores no habituales que también este conocido psiquiatra norteamericano aceptó hablar en exclusiva para Discovery DSALUD. La entrevista apareció en el nº 177 con el título Allen Frances: “Las multinacionales farmacéuticas se han vuelto más peligrosas que los cárteles de las drogas” y también puede leerse en nuestra web: www.dsalud.com).

Cabe añadir que el negocio de los psicofármacos está siendo ya objeto de durísimas críticas. El propio Peter Gøtzsche acaba de publicar una obra -aún no traducida y publicada en España- titulada Deadly Psychiatry and Organised Denial en la que afirma que en Estados Unidos y Europa los psicofármacos son ya responsables de medio millón de muertes al año y que reducir su consumo un 98% sería beneficioso. De hecho asevera en la introducción de su nuevo trabajo lo siguiente: “La razón más importante por la que tomamos tantos medicamentos es que los laboratorios farmacéuticos no venden fármacos sino mentiras sobre fármacos (…) La razón por la que los pacientes confían en sus medicinas es que extrapolan la confianza en sus médicos a los medicamentos que éstos prescriben sin darse cuenta de que sus doctores pueden saber mucho sobre enfermedades, fisiología y psicología pero saben muy, muy poco, sobre los fármacos”. Y añade: “La razón fundamental para el actual desastre farmacológico es que los más importantes psiquiatras han permitido a la industria que los corrompa; a ellos y a su disciplina académica”.


UN COMITÉ DE EVALUACIÓN INDEPENDIENTE

Pues bien, gran parte de lo que hemos relatado se recoge en el manifiesto elaborado por el cardiólogo Aseem Malhotra que han apoyado los cinco prestigiosos médicos de Reino Unido citados en la entradilla de este artículo: Sir Richard Thompson -expresidente del Real Colegio de Médicos de Gran Bretaña y médico personal de la Reina-, John Ashton -presidente de The Faculty of Public Health-, J. S. Bamrah -Director Médico del Manchester Academic Science Centre-, Rita Redberg -editora del Journal of American Medical Asociation (JAMA)- y James McCormack -conocido farmacéutico y divulgador científico. Todos ellos consideran que las compañías farmacéuticas desarrollan los medicamentos que les producen más beneficios en lugar de los que realmente pueden ser útiles a los enfermos y acusan al sistema nacional de salud de no plantarles cara por ello. El Dr. Thompson pide de hecho que se abra una investigación pública urgente sobre las oscuras prácticas de la industria.

Malhotra denuncia por su parte que “el corazón de la medicina moderna está constituido por la cultura de ‘cuantos más medicamentos mejor’ exacerbado por los incentivos económicos de un sistema concebido para prescribir más y más fármacos y llevar a cabo muchas intervenciones sean o no beneficiosas para los pacientes. Ha llegado pues el momento –añade- de efectuar una investigación pública completa sobre la forma en que se estudia y se comunica la eficacia de los fármacos”. Agregando que hoy la única investigación que se financia es la que se sabe va a reportar grandes beneficios económicos, que la información que se publica en las revistas médicas está sesgada y que hay numerosísimos conflictos de intereses. Todo lo cual, dice, esta contribuyendo a la desinformación de pacientes y médicos” y “costando decenas de miles de vidas en todo el mundo y sufrimiento innecesario a millones de personas”. Y es que como en la revista se ha denunciado de forma persistente los efectos adversos de los medicamentos se han triplicado en la última década -especialmente en Estados Unidos- llevando a la muerte en 2014 a 123.000 personas y provocando problemas graves a otras 800.000 (y se consideran cifras muy subestimadas ya que se comunican solo una minoría de los casos).

Como ejemplo de los abusos que perpetra la industria en connivencia con las instituciones Malhotra recuerda que el National Institute for Health and Care Excelence (NICE) -el organismo que regula y vigila el uso de tratamientos, fármacos y procedimientos en el sistema de salud británico- rebajó en 2014 el umbral para prescribir estatinas a fin de que pudieran prescribirse a muchas más personas… y luego se supo que 6 de los 12 miembros del comité asesor que así lo decidió habían cobrado de los laboratorios fabricantes por dar conferencias o recibido fondos para financiar sus investigaciones. Denunciando que nunca se han publicado los informes completos sobre la evaluación de sus efectos secundarios.

Malhotra llega a confesar que la situación ha llegado a tal extremo que cuando recibe a un paciente y éste le explica sus síntomas lo primero que piensa es si se deberán a los efectos colaterales de algún medicamento. Y lo más importante: entiende que el sistema se ha roto y las grandes corporaciones campan a sus anchas con la complicidad de las autoridades. De ahí que proponga para sacar a la ciencia médica de la oscuridad en la que se encuentra una política de transparencia y la creación de un comité independiente que sea el que evalúe la eficacia y seguridad de todos los medicamentos.

Ante lo dicho, ¿es de fiar la declaración de GlaxoSmithKline de que van a replantearse por completo sus relaciones con los profesionales y las organizaciones sanitarias? ¿Quieren, como afirman, “liderar” la transparencia de la industria? Nada indica que así sea. Lo que sin duda quieren es designar y controlar ellos a los posibles controladores. La industria quiere, como ya ha hecho con los gobiernos, los ministerios de Sanidad, las sociedades médicas y sanitarias, las asociaciones científicas y académicas, las agrupaciones de enfermos, las facultades de Medicina, las universidades, los centros de investigación, los laboratorios, las agencias nacionales e internacionales de medicamentos y los organismos internacionales -OMS incluida- controlar el posible comité “independiente” que pudiese crearse. Quieren seguir siendo, como hasta ahora, los guardianes de sus propios actos.

De hecho las iniciativas de esa multinacional anunciadas por la presidenta y consejera delegada de GSK Farma España, Cristina Henríquez de Luna, indican no solo que no piensan cambiar en lo esencial sino que van a ampliar sus métodos de control. Baste saber que entre sus intenciones está la de “realizar inversiones en plataformas alternativas para proporcionar información a los médicos donde, cuando y como la necesiten” porque “así conseguimos una relación más frecuente de médico a médico apostando por canales digitales más flexibles y eficientes”.

En definitiva, la gran industria farmacéutica no acepta ser vigilada por la sociedad; quiere seguir manteniendo el control total del sistema sanitario.

Jesús García Blanca


Bibliografía esencial en español sobre la “farmafia”

Marcia Angell. La verdad acerca de la industria farmacéutica. Cómo nos engaña y qué hacer al respecto. Editorial Norma, 2006.
Allen Frances. ¿Somos todos enfermos mentales? Manifiesto contra los abusos de la psiquiatría. Ed. Ariel, 2014.
Peter Gøtzsche. Medicamentos que matan y crimen organizado. Cómo las grandes farmacéuticas han corrompido el sistema de salud. Los libros del lince, 2014.
Ben Goldacre. Mala farma. Cómo las empresas farmacéuticas engañan a los médicos y perjudican a los pacientes. Paidos Ibérica, 2013.
Ghislaine Lanctôt. La mafia médica. Cómo salir con vida de la prueba y recuperar la salud y la prosperidad. Ediciones Vesica Piscis, 2002.
Lynne McTaggart. Lo que los médicos no nos dicen: los riesgos de la medicina moderna. Navona, 2005.
Ray Moynihan, Alan Cassels. Medicamentos que nos enferman e industrias farmacéuticas que nos convierten en pacientes. Navona, 2011.
Otros libros no traducidos en España:
Jay S. Cohen. The Case Against the Drug Companies: Prescription Drugs, Side Effects and Your Health. Tarcher/Putnam, New York: October 2001.
Peter Breggin. Medication Madness: A Psychiatrist Exposes the Dangers of Mood-Altering Medications. New York: St. Martin’s Press, 2008.
Peter BregginBrain-Disabling Treatments in Psychiatry: Drugs, Electroshock and the Psychopharmaceutical Complex. New York: Springer Publishing Company, 2008.
Peter BregginYour Drug May Be Your Problem: How and Why to Stop Taking Psychiatric Medications. Cambridge MA: Perseus Books, 2007.
Peter Breggin. Brain-Disabling Treatments in Psychiatry: Drugs, Electroshock and the Role of the FDA. New York: Springer Publishing Company, 1997.
Peter Breggin. The War Against Children: How the Drugs, Programs, and Theories of the Psychiatric Establishment Are Threatening America’s Children with a Medical ‘Cure’ for Violence. New York: St. Martin’s Press, 1994.
Peter Gøtzsche. Deadly Psychiatry and Organised Denial. People’s Press, 2015.
Lynn Payer. Disease-Mongers. How doctors, drug companies and insurers are making you feel sick. John Willey and sons, USA, 1992.
Jeffrey Robinson. Prescription games. Money, Ego and Power incide the Global Pharmaceutical Industry. McClelland & Stewart, Canadá, 2001.
Martin Walker. Dirty Medicine. Science, big business and the asault on natural health care. Slingshot Publ. London, 1993.
Artículos citados o recomendados:
Brennan T. A., Rothman D. J., Blank L., Blumenthal D., Chimonas S. C., Cohen J. J., Golden J., Kassirer J. P., Kimball H., Naughton J., Smelser N. Health industry practices that create conflicts of interest: a policy proposal for academic medical centers. JAMA, Jan. 25, 2006;295(4):429-433.
Angell, MIs Academic Medicine for Sale? New England Journal of Medicine 2000;342:1516-18.
Hensley, SWhen doctors go to class, industry often foots the bill. Lectures tend to feature pills made by course sponsors. Wall Street Journal, Dec. 4, 2002:A1.
Vedantam, S. Industry Role in Medical Meeting Decried: Symposiums Sponsored by Pharmaceutical Companies Trouble Some Psychiatrists. Washington Post, May 26, 2002:A10.
Cohen, J. S. Dose Discrepancies Between the Physicians’ Desk Reference and the Medical Literature, and Their Possible Role in the High Incidence of Dose-Related Adverse Drug Events. Archives of Internal Medicine 2001:161:957-64.
Peter Breggin. Scientists as Liars: From Global Warming to Biological Psychiatry. Huffington Post, 12.II.2009. http://www.huffingtonpost.com/dr-peter-breggin/scientists-as-liars-from_b_374025.html
Just How Tainted Has Medicine Become? Editorial de The Lancet, Apr. 6, 2002;359:1167.

Medicamentos a evitar
Según un informe actualizado de 2015 publicado por la revista francesa especializada en fármacos para consulta de profesionales Prescrire los medicamentos que a día de hoy los enfermos deberían evitar son…
…en cardiología: aliskireno, fenofibrato, bezafibrato, ivabradina, nicorandil, olmesartan y trimetazidina.
…en dermatología y alergología: tacrolimus tópico, mequitazina y prometazina inyectable.
…en diabetes: los antidiabéticos inhibidores de la DPP-4 linagliptina, saxagliptina, sitagliptina y vildagliptina; solas o en combinación con metformina
…en nutrición: el tetrahidrolipstatin (Orlistat).
…en problemas de dolor (analgésicos): inhibidores de la COX-2 como celecoxibetoricoxib y parecoxib, el ketoprofeno en gel y el piroxicam.
…en la osteoporosis: denosumab y ranelato de estroncio.
…en la artrosis: diacereina y glucosamina y los relajantes musculares metocarbamol y tiocolchicósido.
…en gastroenterología: domperidona, droperidolprucaloprida.
…en ginecología / Endocrinología: tibolona.
…en hematología: complejo hierro dextrano.
…en infectología: moxifloxacino y telitromicina.
…en alzheimer: donepezilo, galantamina, rivastigmina y memantina.
…en la esclerosis en placa: natalizumab y teriflunamida.
…en otros problemas neurológicos: flunarizina y tolcapona.
…en neumología y otorrinolaringología: los vasoconstrictores orales y nasales efedrina, nafazolina, oximetazolina, pseudoefedrina y tuaminoheptano.
…en oncología: catumaxomab, panitumumab, trabectedin, vandetanib y vinflunina.
…en psiquiatría: los antidepresivos agomelatina, duloxetina, venlafaxina y tianeptina.
…en la adicción: los fármacos para la deshabituación al tabaco bupropión y vareniclina.



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